"Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán..."
Isaías 43:2
Este pasaje bíblico escrito por el profeta Isaías, tiene una connotacion espiritual, pero hace unos pocos meses atrás, cobró una vigencia muy literal en mi vida. Esa noche llovía con moderada intensidad, pero con una persistencia espeluznante. El pequeño arroyo que corre al fondo de mi casa y en el que con tanto placer me deleitaba pescando, parecía una víbora gigante, endemoniada, que rugía con una fuerza descomunal. En su recorrido devoraba todo lo que encontraba a su paso y crecía...engordaba peligrosamente.
Cerca de las 4 de la madrugada, aquello se convirtió en una pesadilla. Intenté bajar los pies de mi cama, y una sensación de temor e impotencia, se apoderó de mí. El agua helada me cubrió los pies, y me hizo temblar. Un grito desgarrador salió de lo más profundo de mis entrañas. La tormenta eléctrica, había hecho que se cortara el suministro de enrgía eléctrica. Había que actuar rápido. No había tiempo para llorar, ni cuestionar, ni siquiera pensar o reprocharnos el haber tomado la decisión de vivir en aquella casa... en aquel paisaje paradisíaco, de árboles, piedras y arroyo.
Rápidamente se despertó mi esposo y llamó a nuestro hijo. _"¡Pronto!"..."¡El agua sube muy de prisa"..."Hay que subir las cosas al ático!"_ gritaba él. ¿Por dónde comenzar? ¡Qué impotencia! Aún estábamos aletargados por el sueño. El agua ya nos llegaba a las rodillas. Buscamos vela, fósforos..el celular. ¡qué ironía!. Ahí estaban las computadoras, con toda su tecnología eperando por un fósforo, una vela y unas manos rápidas para sacarlas de allí. El colchón, los documentos, ¡las máquinas del taller! soldadoras, taladros, compresor..¡qué desasastre!.
Me sentía angustiada, y muy impotente. Quería ayudar a salvar del agua todo lo que se pudiese estropear. Me sentí invadida por aquel arroyo intruso. ¿Qué le hicimos para que nos trate de esta manera? Pensé que me estaba pasando la factura por haberle robado tantas mojarritas. Allí pasaba horas, meditando, orando, riendo y llorando. Haciendo planes, agradeciendo a Dios por aquel paisaje paradisíaco que era el deleite de cualquier caminante cansado. Pero ahí estaba, ¡furioso!, y crecía...crecía demasiado rápido para mi gusto.
A mí me tocaba portar la vela...¡que inútil me sentía! Necesitaba mis manos libres para rescatar cosas, para salvar lo que nos había costado toda una vida poder conseguir. En medio de ese trajín, la lluvia nunca tuvo planes de cesar, ni siquiera de amainar un poco. El cielo bramaba, mientras víboritas eléctricas se dibujaban en el cielo. Centellantes, audaces y tan amenazadoras como el arroyo.
El lavarropas se iba flotando..."¡No abran la puerta" _gritaba mi esposo. "¡O seremos arrastrados por la corriente!". "¡El perro!..."por favor entren a Nero". "¡Se va a inundar su casita!"._gritaba yo. De pronto veo pasar a mi Biblia flotando a mi lado, y lloro con más fuerzas. Era como que mi fe se destruía con ella, y se ponía a prueba al máximo. Llamo a mi otro hijo llorando (el no estaba en la casa), y le pido que se levante a oarar. Llamo a mi yerno y le pido lo mismo, no sin antes recordarle que somos su prioridad. Le pedí muy egoístamente que mientras durara aquella odisea, que no ore por más nadie que lo hiciera sólo por su familia.
Creo que en realidad solamente quería que Dios se ocupara de nosotros y de nadie más. Estábamos en peligro y eso nos daba todos los derechos creía yo. Más de tres horas estuvimos en en "jacke" como se dice. A las 8:00Hs comenzó a amainar la lluvia, pero los truenos y relámpagos no cesaban. Amaneció y me atreví a mirar por la ventana del ático, y hasta pude sostener el celular para tomar unas fotos. ¡Impresionante!. Todo era una gran masa de agua., y así estaba toda la ciudad. Seguíamos sin energía eléctrica, y si agua.
No fue sino hasta el día siguiente que pude ver las noticias en la tele, y lloré más aún. Lloré porque una mezcla de alivio y culpabilidad se apoderó de mí. Hubo personas que perdieron todo, y aún la vida de sus seres queridos. Personas que no tenían un ático y tuvieron que trepar a los árboles en medio de esa tormenta con una bebita de un mes de vida en sus brazos. No faltó quien perdió su caballo que murió ahogado porque se encontraba atado. Los cerdos, gallinas, vacas. ¡Un caos total! El pueblo de Paso Yobai está rodeado de arroyos, y todos se pusieron e acuerdo ea noche para quebrantarnos. Yo no había perdido nada más que unos papeles, algunas fotos...nada importante. Aún las agujas de mi máquina de coser encontré luego en el patio.
Dios nos había reparado de antemano un ático, un aposento alto, un lugar para protegernos. ¡Mujer de poca fe!...¿Por qué dudé?, ¿por qué no recordé en ese momento las sabias palabras del profeta Isaías diciéndome:
"Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo. Y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en tí, porque yo, Jehová Dios Tuyo, el Santo de Israel, soy tu salvador.."